domingo, 11 de octubre de 2009

EL FUTURO PEOR

EL FUTURO PEOR
Posiblemente ya se haya escrito todo sobre la crisis que tenemos en España, sobre la recesión y sobre la dificultad de remontar a corto plazo la situación de desmoronamiento y penuria de la actividad económica y la posibilidad de dejar atrás el resto de males que nos aquejan, pero como sigo sin entender algunas de las circunstancias que se han dado en todo este enredo, he decidido plasmar en el papel las opiniones, dudas, angustias y quejas que, día tras día, asedian mi mente.

Los políticos siempre nos han dicho que con su gestión en el gobierno pretendían dar a todos los ciudadanos un futuro mejor, lo cual parecía loable y digno de todo encomio, pero después, a la vista de los acontecimientos que iban acaeciendo, los ciudadanos empezamos a tener la sensación de que ese futuro mejor no aparecía, estaba escondido, era imposible de lograr, o, simplemente, no existía, a pesar de que los gobernantes seguían proclamando a los cuatro vientos que todo lo hacían bien, que se preocupaban mucho de todos nosotros y que ellos eran los dirigentes idóneos para llevar a buen puerto la nave en la que todos estábamos navegando, añadiendo, además, que otros políticos no servirían para lograr los éxitos que ellos prometían.

Pero, curiosamente, nunca se nos decían las equivocaciones de su gestión, que sabían que se habían producido, pero que ocultaban, ni las graves omisiones que cometieron, pues no detectaron, o no supieron qué hacer, o no quisieron modificar el “statu quo” imperante, que a algunos les parecía bueno, pero que era nefasto y malo, para poner orden en aquel desbarajuste de injusticia y ambición. Los años precedentes a la crisis fueron tiempos de especulación desenfrenada, de confundir lo finito con lo infinito, de creación de una economía desbocada y de dirigir todos los esfuerzos y recursos en una misma dirección: el “boom” inmobiliario, porque prometía pingües beneficios, aunque para ello hubiera que asaltar y desvalijar a los ciudadanos comunes, a esos que estaban fuera de la especulación y de la corrupción, imponiéndoles unos precios disparatados, ilógicos e injustos.

Y, poco a poco, aquella carrera de la codicia, en vez de alcanzar El Dorado, tuvo un abrupto fin, cuando aquella locura se topó con el abismo que cortaba el paso a tanto despropósito y ceguera. Y es que lo que se hace mal, y no se remedia a tiempo, trae funestas consecuencias. Los nuevos edificios crecían por doquier, el valor del suelo era una espiral infinita, el precio de los materiales de construcción siguió el camino de las subidas descontroladas y, naturalmente, el beneficio de los constructores y promotores alcanzó cotas de escándalo. Se construyeron viviendas en cantidades mucho mayores de las que la sociedad demandaba, la banca concedió préstamos hipotecarios de elevada cuantía y alto riesgo sin ejercer la mínima cautela y prudencia; solamente por el afán de subir las inversiones, y toda esta alegría insensata y desmelenada, supuestamente dorada, terminó, con horror para muchos, en un fiasco, donde el color predominante tenía tintes plomizos.

Cuando llegaron la desilusión y el desaliento todos los actores de la catástrofe, gobernantes, especuladores, promotores, constructores, banqueros, etc., además de mostrar su sorpresa por la situación que ellos mismos habían creado, invocaban su inocencia y su buen comportamiento y echaban las culpas a factores exógenos, esos que nos habían llegado con los escándalos financieros del otro lado del Atlántico y que, en cierta medida, también habían afectado al sistema financiero español, aunque éste se contaminó porque los banqueros no tuvieron la suficiente astucia o prudencia para determinar qué productos eran sanos y aceptables y cuáles podrían causar graves enfermedades. Sin embargo, no debemos olvidar que la raíz de nuestro problema estuvo en el avariento comportamiento que se gestó en España.

Después, las culpas de unos y de otros se fueron ocultando, diluyendo en el tiempo, quitándoles la piel de lobo y poniéndoles la piel de un cordero, pero nada se aclaraba y nadie asumía sus responsabilidades. Al mismo tiempo, la epidemia del paro avanzaba sin cesar y sus estragos destrozaron a miles de trabajadores, y aún sigue en su imparable cataclismo y nadie, de momento, ha encontrado el medicamento que la cure. Solamente se están poniendo algunos parches o se están recetando placebos, que sólo engañan pero que no curan.

Y ahora, cuando los gastos son muy superiores a los ingresos porque los bancos se han llevado un dinero muy importante para sanear su situación, a los parados hay que darles algo para poder subsistir y el gobierno condona deudas, regala subvenciones y tiene que soportar una guerra bajo el eufemismo de ayuda humanitaria, nos encontramos con el anuncio de una próxima subida de impuestos, que, en su mayor parte, serán impuestos indirectos; es decir, esa clase de injusta imposición que grava el consumo, especialmente el IVA, con el que convivimos diariamente, pero que afecta en igual medida al pobre que al rico, pues no se tiene en cuenta el principio según el cual se paga en función de los ingresos. Después se nos quiere justificar la subida de los impuestos diciéndonos que es una medida solidaria o que, como aseguró un alto dirigente socialista, subir los impuestos es propio de los gobiernos progresistas. Pues, sinceramente, prefiero que el gobierno sea inmovilista y deje mis escasos ingresos en mi bolsillo y no se dedique a trasvasarlos al suyo.

Sin embargo, si las cosas se vieran en su justa medida, se juzgaran con ecuanimidad, se sancionaran según fuera la falta o el delito, o, incluso, se premiaran, si así correspondiere, la subida de impuestos no se habría pensado ni presentado tan a la ligera. Lo natural habría sido conocer, sin lugar a dudas, quién o quiénes fueron los causantes reales de la catástrofe, hacerles responsables de la misma, e imponerles la sanción o la pena que la ley pudiera determinar. Pero, al parecer, resultaba más fácil hacernos culpables a todos los ciudadanos e imponernos a todos el mismo castigo, y ahora nos encontramos con que nadie ha ido a prisión, aunque muchos la merecían, ni se han impuesto sanciones dinerarias importantes, ni se han incautado patrimonios obtenidos fraudulentamente, ni se ha investigado dónde están los enormes beneficios obtenidos con tanta especulación, ni se han elevado los tipos impositivos del impuesto sobre la renta para aquellos contribuyentes con ingresos por encima de 100.000 euros anuales, por poner un ejemplo, como tampoco se han establecido tipos más altos de cotización fiscal para las Sociedades de Inversión de Capital Variable (SICAV). ¿Tan difícil resulta gobernar con equidad y justicia?

Ese sueño que todos hemos tenido de perseguir y lograr un futuro mejor, que para nosotros tuvieron nuestros padres, y que nosotros tenemos para nuestros hijos y éstos lo tendrán para sus hijos, y así sucesivamente, se ha truncado y se ha convertido en una falacia y en un fiasco. Desgraciadamente, la codicia, la ambición, el abuso, la permisividad, el engaño y la ineptitud nos han traído un futuro peor, sin que se vislumbre la mejoría.

10 de octubre de 2009
Luis de Torres

jueves, 18 de junio de 2009

JUSTOS Y PECADORES

JUSTOS Y PECADORES

La noticia de la subida de las gasolinas me sentó tan mal como a la gran mayoría de los que estamos obligados a comprar este producto, por ser propietarios de un vehículo, y como hace unos días tuve la necesidad de repostar, paré en una gasolinera y puse en mi depósito 30 euros de gasolina sin plomo 95. Pagué con tarjeta y me dieron un justificante donde se indicaba que mis 30 euros sólo habían servido para comprar 27,93 litros.

Cuando regresé a mi casa, disgustado y malhumorado por la nueva subida, busqué mis resguardos de los últimos seis meses aproximadamente, y me encontré con las siguientes fechas y cifras, y siempre sobre la base de haber pagado € 30,00:

29.12.08 - Litros 36,76
13.01.09 - “ 34,97
26.02.09 - “ 34,32
15.03.09 - “ 33,75
03.04.09 - “ 32,02
11.05.09 - “ 31,25
05.06.09 - “ 29,56
15.06.09 - “ 27,93

Aunque no soy un buen matemático, si partimos de la situación que había el 29.12.08, la gasolina sin plomo 95 ha subido el 31,617%, a pesar de lo cual estos últimos meses nos están hablando de inflación cero, crecimiento negativo y hasta de deflación. ¿Cómo encaja la brutal subida de la gasolina con esa supuesta bajada de la inflación? Y, además, como la gasolina seguía una tendencia alcista, el gobierno ha querido unirse a la misma y ha puesto la guinda con un incremento sobre el impuesto de los carburantes, que ya está recogido en el justificante de la última visita a la gasolinera.

Pero como muchos conductores estaban alarmados por la subida fiscal, el gobierno ha querido explicarnos la razón de haber incrementado el impuesto sobre hidrocarburos, ya que los españoles, al parecer, tenemos tan poca cultura política y económica que no sabemos aplicar correctamente los sustantivos o los verbos cuando hablamos o escribimos sobre las actuaciones gubernamentales. Así que un destacado miembro del gobierno, para sacarnos de nuestra ignorancia fiscal, nos dijo que no se trataba de un “incremento” sino de una “actualización”; es decir, que para la acción de subir los impuestos no debíamos utilizar el verbo “incrementar” sino el verbo “actualizar”, y los españoles, con esta sesuda explicación, nos quedamos tan contentos, al comprobar la gran sabiduría de nuestros gobernantes.

También nos dijo que la “actualización” se hacía para estar en consonancia con los impuestos de otros países europeos, pero no dijo cuándo se van a “actualizar” los sueldos, los salarios y las pensiones de todos esos españoles que cobramos menos que otros europeos. Quizá sea porque los ingresos de los trabajadores, funcionarios, jubilados y pensionistas no son “actualizables”.

Por otra parte, también a los fumadores les contaron otra historia, para justificar la subida del impuesto sobre el tabaco, diciéndoles que lo que se pretendía era mejorar su salud, omitiendo, por tanto, que lo que subyace es un afán recaudatorio, como pasa con la subida del impuesto sobre las gasolinas.

Creo que nuestros gobernantes deben guardar en un cajón de su mesa de despacho la demagogia y los eufemismos y llamar al pan, pan, y al vino, vino, y decir con valentía y honradez que están subiendo los impuestos para recaudar más dinero, pues la economía española está hecha jirones, se tambalea y hay que apuntalarla, para ver si es posible enderezarla y sacarla del marasmo a que la llevaron los ambiciosos, la mala gestión del sistema financiero y la ineficacia de las autoridades.

Lo tremendo de este problema es que lo crearon los que están en las capas altas de la sociedad, a los que no se les piden responsabilidades, sino que se les ayuda, mientras que a las capas bajas de esa misma sociedad, que no son culpables de la situación, se les exige colaboración y esfuerzo; es decir, aportar dinero en la misma proporción que los poderosos. ¿O acaso no es una injusticia subir los impuestos indirectos, que son iguales para todos, sin tener en consideración las notables diferencias que existen entre las distintas clases sociales? Con este proceder no se tienen en cuenta los principios de equidad y solidaridad, que siempre deberían tener presentes nuestros gobernantes, y se incurre en la injusticia de que paguen justos por pecadores.

18 de junio de 2009

Luis de Torres

viernes, 12 de junio de 2009

EUROPA EN EL CORAZÓN

EUROPA EN EL CORAZÓN

Hasta que los griegos no comenzaron a crear su mitología, que es el conjunto de historias más bello y delicioso que uno pueda imaginar, donde se mezclan los poderes y las pasiones de los dioses inmortales del Olimpo con las andanzas, aventuras y amores de los héroes y de los mortales, nadie sabía cómo se llamaba esa enorme porción de tierra que linda al sur con el mar Mediterráneo y al norte con las heladas zonas árticas, pero aquellos griegos de alma poética supieron añadir un nuevo mito a su conjunto de historias para que aquella tierra innominada, de la que ellos también formaban parte, gozara de un nombre para la posteridad. Y poniendo manos a la obra, y buscando personas y tierras de su entorno, nos regalaron el siguiente mito:

Hubo una vez una virgen llamada Europa que era hija de Agenor, rey de Tiro y Sidón, la cual nació y creció en el palacio de su padre y disfrutó, junto con otras jóvenes de su edad, de los prados y jardines que formaban parte de su real morada, y del mar que bañaba aquella tierra. Europa era una joven de extraordinaria hermosura y sucedió que una noche tuvo un sueño en el que aparecían dos continentes, bajo forma de mujer, que se disputaban su posesión. Una de aquellas mujeres era Asia, pero la otra todavía no tenía nombre, y mientras la primera aducía que ella había dado a luz y amamantado a Europa, la otra mujer declaraba que Zeus, el dios de dioses, le daría la doncella, porque así lo habían dispuesto los Hados.

Europa despertó de su sueño y se sobresaltó, pero al día siguiente volvió a reunirse con sus amigas para jugar y entretenerse en los prados y jardines. Mientras tanto, Zeus, que siempre observaba a los mortales desde su altura celestial, descubrió a la bellísima Europa, y quizá herido por algún dardo lanzado por Afrodita o Eros, sintió el intenso deseo de poseer a Europa, a pesar de que Hera, su esposa, le tenía vigilado, conociendo su incurable lascivia. Pero Zeus, viendo que en aquellos prados donde jugaba Europa también pastaba el ganado vacuno de Agenor tuvo la idea de transformarse en el toro más bello y apuesto de todos los animales de su especie, de un brillante color castaño que sólo se interrumpía en su testuz, donde aparecía un círculo plateado, y en lo alto de su cabeza, que estaba adornada con unos cuernos en forma de luna en cuarto creciente. Zeus bajó a la tierra en su disfraz de toro y se unió al ganado de Agenor, y, poco a poco, con cautela y mansedumbre, se fue acercando al grupo de muchachas donde estaba Europa, que muy pronto se fijaron en aquel magnífico animal y comenzaron a acariciarlo, en vista de que no daba muestras de ser peligroso. Tan manso era que se echó sobre la hierba y ofreció su lustroso lomo a las jovencitas y Europa creyó que podrían subirse al animal y jugar con él. Alentó a sus amigas a entrar en el juego y ella fue la primera en sentarse sobre el lomo del toro.

Sin embargo, tan pronto como Europa se subió al animal, éste se levantó y comenzó a correr hacia la playa, llegó al mar y siguió en su carrera sobre las aguas, mientras Europa, asustada, se agarraba a un cuerno con una de sus manos y con la otra sujetaba su túnica para que no se mojase. Después de algún tiempo de cabalgar sobre el agua, el toro llegó a Creta, Europa pisó tierra, no sabía dónde estaba, en su soledad se acordaba de sus padres, estaba arrepentida de su imprudencia, y tan apenada se sentía que empezó a desear su muerte. Pero cuando su mente no veía más camino que acabar con su vida, algún enviado de los dioses se apareció ante ella y le hizo saber que el toro no era un animal sino un disfraz de Zeus, el dios supremo, que estaba enamorado de ella.

Después Zeus se apareció a Europa en toda su grandeza, se la llevó cerca de una fuente bajo unos árboles y allí comenzó su amor. Con el tiempo, Europa dio a Zeus tres hijos: Minos, Radamante y Sarpedón, y el gran dios del Olimpo aseguró a Europa que su nombre y fama se extenderían hasta el final de los tiempos. Después, quizá para iniciar la profecía, Europa se convirtió en la esposa del rey de Creta y fue conocida más allá de su reino.

Hace unos días se celebraron elecciones para elegir a nuestros representantes en el Parlamento Europeo, pero los ciudadanos que podíamos acudir a las urnas para escoger a las personas que deberían seguir adelante con la construcción de la gran nación europea no demostramos nuestra vinculación a la idea de convertirnos en una tierra fuertemente unida, ni tampoco qué ideario político deseábamos implantar en esta gran patria, y un elevado porcentaje de personas no quiso o no pudo dar su opinión sobre nuestro futuro, a pesar de que los candidatos de todos los partidos nos recordaban que las leyes y normas que se aprobaran en el parlamento supranacional tendrían una gran repercusión en nuestra vida diaria y en cada una de las patrias que conforman teóricamente la Unión Europea.

La abstención fue muy elevada, por lo que los resultados de las votaciones no pueden reflejar fidedignamente el sentimiento mayoritario de los ciudadanos. No obstante, con los votos escrutados se puede intuir, pero no asegurar, qué deseamos, anhelamos, esperamos u odiamos los europeos. Lo más importante que se puede deducir es que Europa sigue siendo una hermosa utopía, pero no una realidad, porque la unión sólo está en los papeles pero no en el corazón de todas las personas.

También hemos observado, después de conocer los resultados de las votaciones de todos los países, que se ha producido un cierto cambio en la ideología general, con una importante pérdida de presencia de las izquierdas y un fortalecimiento de la democracia cristiana, pero que no cambia en gran medida la fragilidad que ya teníamos antes de las elecciones, puesto que el grupo fuerte de los conservadores, más los “tories” británicos, los checos y los polacos no llegan a tener la mayoría absoluta. Otros partidos, aunque de escasa significación en cuanto a número de seguidores, aportan signos de ruptura o desvinculación y algunos, incluso, no ven con buenos ojos la unión, y se decantan por la fragmentación, como ocurre con los llamados euroescépticos, que prefieren recluirse en su propia parcela y quedarse al amparo de su cultura excluyente.

Resulta muy difícil olvidar el pasado de los pueblos, sea éste glorioso, brillante, tempestuoso, opulento, victorioso, oscuro, humilde o, incluso, sin historia, porque cada cual guarda un puñado de orgullo y unas gotas de odio o resentimiento. Encontrar la argamasa que pueda unir tanta diversidad será tarea complicada y lenta, pero no imposible, y hemos de tener la confianza de que llegará un día, feliz y luminoso, en que Europa sea un gran país sin barreras físicas, pero también sin fisuras mentales o espirituales. Por ahora, podemos decir con alegría que la Unión Europea ha sido capaz de traernos el más largo período de paz que se recuerda en nuestros pueblos, ya que las guerras, afortunadamente, han sido desterradas de nuestros territorios, aunque todavía contemplemos a nuestro alrededor la desgracia y el horror de los conflictos, disputas o enfrentamientos de otras gentes que se empeñan en resolver sus divergencias mediante el uso de las armas, que sólo traen devastación, miseria, dolor y muerte.

Aquella princesa fenicia que Asia la reclamaba en un sueño, pero que Zeus la llevó a Creta para que su gloria se extendiera por el continente al norte del Mare Nostrum, puede estar satisfecha, porque su nombre lo pronunciamos ahora con orgullo, porque a Europa la llevamos, la gran mayoría, en el corazón.

12 de junio de 2009

Luis de Torres

martes, 26 de mayo de 2009

LA ESPAÑA HERIDA

LA ESPAÑA HERIDA

Hace algunos días comencé a pensar en todas las desgracias que teníamos en España, las que habíamos creado nosotros mismos; es decir, los ciudadanos sin escrúpulos y con una ambición desmedida y los políticos sin visión de futuro y sin formación suficiente para dirigir con mano firme la nave del Estado, más aquella basura financiera que nos llegó del exterior, y a pesar de que busqué en mi mente alguna solución o remedio para nuestros males, no pude hallar nada satisfactorio, porque los problemas eran demasiado grandes y mi capacidad para resolverlos demasiado pequeña.

Mis pensamientos se deslizaron después hacia el campo poético, que siempre pone belleza, luminosidad y sosiego, aunque el trasfondo del tema sea triste y amargo, y mi mente fue hilvanando cuatro versos octosílabos, en los que no supe introducir ni una gota de alegría o esperanza, como se ve a continuación:

Esta pobre España herida
por codicia y corrupción
tiene difícil salida
de sus penas y aflicción.

Sí, tenemos una patria apenada y afligida, porque muchísimos de sus ciudadanos estamos siendo agredidos física y espiritualmente, porque ¿acaso no es una agresión física la pérdida del trabajo y de los medios de subsistencia? y, por otra parte, ¿quién puede poner en duda que no sea una agresión espiritual las actuales iniciativas, normas o leyes que van contra la vida y la moral?

Últimamente, a los españoles, o, al menos, a una buena parte de ellos, en la que me encuentro, se nos está llevando a la confusión, al desánimo, a la incredulidad, al malestar mental y a la duda sobre las supuestas bondades de la democracia. Ahora, cuando tenemos un problema económico muy serio y preocupante, y un paro disparatado, que afecta a trabajadores españoles y de otras procedencias, que debía quitar el sueño a nuestros gobernantes y sorberles el seso para encontrar soluciones, se nos está vendiendo el aborto libre como una actuación prioritaria y un derecho absoluto de la mujer, se está poniendo en tela de juicio a qué especie pertenece un embrión que se ha formado y se desarrolla en el vientre de una mujer, y se están buscando absurdas justificaciones médicas, jurídicas, científicas y de otro orden para privar de la vida, para asesinar a un ser humano indefenso e inocente, de forma supuestamente legal y no punible, para que salgan indemnes los que perpetran el delito, tanto la madre como las personas que la asistan en el terrible trance.

Me da igual lo que digan esos llamados expertos, porque sus informes son elucubraciones para dar cobertura aparentemente científica a las llamadas políticas progresistas de los gobernantes. La concepción y su desarrollo hasta llegar al alumbramiento no es una cuestión política, ni religiosa, ni filosófica, ni metafísica: Es, simplemente, una ley natural, y no caben distorsiones ni componendas. Y la vida que emerge con la unión del espermatozoide y el óvulo, o de la célula reproductora masculina y la femenina, desde el primer momento de la fecundación es una vida de la misma especie que tienen los progenitores y no es solamente un ser vivo sin saber a qué especie pertenece. Una vida que comienza en el vientre de una mujer es, sin lugar a dudas, una vida humana. Y así ocurre siempre en la naturaleza: Cada especie genera descendientes de su misma especie y no existe ninguna fase de esa nueva vida en que no se sepa a qué especie pertenece. Y a mayor abundamiento en la cuestión del aborto, que yo rechazo abiertamente, por considerarlo un atentado contra la vida, nos encontramos, asimismo, con la anulación de la patria potestad, al proponer en la futura ley que una menor pueda abortar sin contar con el permiso de sus padres. ¿A quién se le habrá ocurrido semejante despropósito?

También, dentro de nuestras desgracias, estamos viendo que la dimensión del Estado es cada vez más pequeña, mientras que el poderío de las Autonomías se hace cada vez mayor y más insolente. Parece que los españoles hemos olvidado la historia y queremos repetirla. Los musulmanes, que tuvieron una época de esplendor y fortaleza cuando estaban unidos y dependían del Califato de Damasco y, posteriormente, del Emirato y Califato de Córdoba, comenzaron su decadencia y debilidad cuando, a partir del año 1031, se disgregaron en Reinos de Taifas, que los cristianos supieron aprovechar adecuadamente para ir derrotándolos hasta lograr la total expulsión de los musulmanes del territorio español. Ahora estamos asistiendo al desarrollo de los Reinos de Taifas Autonómicos, que ni son islámicos ni son cristianos, y algunos no quieren ser ni españoles, y esta situación no puede conducir nada más que a la catástrofe, puesto que ya están aflorando disensiones y enfrentamientos entre algunas autonomías.

Y ahora, para colmo de males, hasta las más altas instancias jurídicas del Estado nos obsequian con decisiones que otros mortales, esos que no somos expertos en cuestiones legales, pero que deseamos contar con una justicia en estado puro, no comprendemos, ni entendemos, ni podemos admitir. Hace unos días, el Tribunal Supremo rechazó la inclusión de una formación política en la lista de partidos que podían acudir a las elecciones europeas, por estimar que ese grupo tenía connotaciones filoterroristas, y, días después, el Tribunal Constitucional sí admitió que la citada formación política se presentara a las elecciones europeas, dejando sin efecto los argumentos del Tribunal Supremo. Y los españoles nos preguntamos ¿cómo puede existir tan disparatado criterio en dos tribunales de tanta altura? ¿Por qué el mismo asunto es blanco para unos juristas y negro para otros? Creo que muchos españoles ni damos ni quitamos la razón a ninguno de los citados tribunales, quizá porque nunca hemos entrado en los laberintos del derecho y no sabríamos encontrar el camino hacia la salida, pero esos muchos, o muchísimos españoles, sí nos hemos quedado estupefactos, atónitos, sorprendidos y perplejos por esa increíble diferencia de criterio.

¡Pobre España nuestra! ¿Cuándo se curarán tus heridas?

26 de mayo de 2009

Luis de Torres

lunes, 11 de mayo de 2009

JUBILADOS Y CRISIS


JUBILADOS Y CRISIS

Durante estos tiempos tan revueltos e inestables, cuando el trabajo se ha convertido en un bien escaso, tanto o más que el agua, y el aumento en el número de desempleados parece que no tiene fin, y el temor se apodera de los que todavía conservan su puesto, parece que ningún político sabe qué hacer para resolver los graves problemas que estamos teniendo, excepto quejarse del contrario y hacerle culpable de todas las desgracias, a la vez que resalta su propia honestidad, capacidad, trabajo y visión de futuro, así como las medidas que propone y su conocido buen hacer.

En el fondo, la palabrería que utilizan se queda en agua de borrajas, pues la crisis sigue, las medidas anunciadas o puestas en práctica no frenan la descomposición de la economía ni, por supuesto, aportan nuevas energías, ni alegran el corazón de los españoles, ni hacen aflorar la inmensa cantidad de dinero que se generó con la especulación, que fue el principio de todos nuestros males, y que se colapsó por sí misma cuando los codiciosos acabaron con los incautos que estaban deseosos de comprar en la seguridad ¡vana ilusión! de que los valores de fincas, naves, casas y patrimonio inmobiliario de todo tipo seguirían ascendiendo sin cesar, lo que hacía vislumbrar un beneficio seguro, sin caer en la cuenta, por la insensata ceguera que había en el ambiente, de que en nuestro mundo nada es infinito, y ello sin considerar la carga de injusticia que existía en aquellas transacciones. Por otra parte, ni gobiernos ni políticos hicieron nada para cortar aquella especulación furibunda, que la veían como una economía en expansión, y que, en gran medida, la consideraban buena para nuestro país. ¿Es que nadie se dio cuenta de que aquella carrera disparatada no podía tener otro fin que caer en el abismo? Posiblemente sí, pero, o no se dijo, o no se hizo caso de la advertencia.

Ahora ya estamos en el abismo, o quizá todavía estemos cayendo, porque nadie sabe donde está el fondo, y después, cuando efectivamente hayamos llegado al fondo rocoso, “rock bottom”, como dicen los ingleses, y ya no se pueda descender más, entonces tendremos que aprender las técnicas de la escalada para subir a la cumbre desde la que caímos, o disponernos a morir.

Aparte de las anteriores reflexiones, continuamente me pregunto si alguien se acuerda de los jubilados y pensionistas, esas personas con mucha experiencia y bastante edad, que formamos un gran colectivo, que estamos sufriendo la crisis de manera muy destacada y que parece que ni formamos parte del entramado económico de nuestra nación ni se cuenta con nosotros. Sólo se menciona de vez en cuando que las pensiones pueden estar en peligro, y con ello lo que recibimos es el regalo del miedo, que parece ser lo único que quieren darnos.

En los últimos tiempos, algunos jubilados con deseos de reivindicar lo que se nos debe dar, y basados en leyes y proposiciones, nos hemos dirigido a las autoridades para pedir que se tengan en cuenta las siguientes normas y circunstancias:

Que se cumpla correctamente la Ley 40/2007, de 4 de diciembre, y en especial su Disposición adicional cuarta, donde se indica que, siempre que la edad que se hubiera tenido en cuenta para la aplicación de los correspondientes coeficientes reductores hubiera estado comprendida entre los sesenta y sesenta y cuatro años, ambos inclusive, se tendrá derecho a una mejora de la pensión con la condición de que se acreditaran, al menos, 35 años de cotización y que la extinción del contrato de trabajo del que hubiera derivado el acceso a la jubilación anticipada se hubiera producido por causa no imputable a la libre voluntad del trabajador.

En la citada situación nos encontramos miles de jubilados, cuyo contrato de trabajo fue extinguido anticipadamente por deseo expreso de la empresa y nunca como petición voluntaria del trabajador, a pesar de lo cual las mismas autoridades que promulgaron la Ley nos denegaron los beneficios que legítimamente nos corresponden, o simplemente no contestaron a nuestra solicitud, dando la impresión de que la citada Ley se hizo para la propaganda política pero no para cumplirla.

Asimismo, en el Registro del Congreso de los Diputados, de fecha 21 de febrero de 2006, se encuentra una Proposición no de ley, del Grupo Parlamentario Vasco, sobre la actualización de la cuantía de las jubilaciones anticipadas al cumplir los 65 años de edad
para remover una injusticia histórica que afecta a un importante colectivo de personas que ha sido objeto de preterición de derechos fundamentales y esenciales, al margen de su voluntad, particularmente el derecho al trabajo y a una cuantía determinada o predeterminada de pensión por actos de disposición en relación con los cuales no han prestado ningún tipo de consentimiento.
Esta Proposición no de ley fue aprobada por todos los grupos parlamentarios. Los votos emitidos fueron 310 y los votos a favor fueron, asimismo, 310.
Según este resultado, parece claro que la Proposición no de ley ponía sobre la mesa un asunto de absoluta justicia, y por eso hubo unanimidad en su aprobación, pero si la idea y las palabras eran buenas, correctas y justas, los gobernantes no quisieron secundarlas y la Proposición no de ley, hasta ahora, no se ha convertido en Ley, y, mientras tanto, cientos o miles de prejubilados han desaparecido, llevándose a la tumba la infamia y la injusticia que sufrieron con aquella ley que deducía el 8% de la pensión por cada año que la empresa, y no ellos, había querido anticipar su jubilación.

Ya se dijo en el Congreso de los Diputados que los prejubilados estaban sufriendo una injusticia histórica, que no se ha reparado, al igual que no se ha cumplido con lo preceptuado en la Disposición adicional cuarta, de la Ley 40/2007, de 4 de diciembre, lo que nos lleva a la conclusión de que los jubilados interesamos muy poco a los gobernantes, pero quizá esto sea un gran error, pues aunque muchos hayan dejado el colectivo, otros se seguirán incorporando, y siempre seremos una importante fuerza en nuestro país, no sólo para emitir votos, sino también para mover la economía. Ahora hacen falta medidas que puedan incentivar el consumo, y yo quiero proponer una que no será muy costosa, teniendo en cuenta las cifras de escalofrío que ahora se barajan para ayudar al sistema financiero o a las grandes empresas, y que traerá a nuestro país, como compensación, un incremento del consumo. La proposición consiste en que todas las pensiones que pague el Instituto Nacional de la Seguridad Social a jubilados y pensionistas mayores de 70 años queden exentas de su inclusión en la Declaración de la Renta, con lo cual se pondría en manos de miles de personas un pequeño aumento de sus ingresos, que, sin duda, mejoraría el consumo general de nuestra nación. ¿Acaso no merecemos los jubilados que alguna vez se nos atienda de forma efectiva, después de sufrir tanto desaire y desatención, cuando, además, supone un beneficio para nuestro país?

10 de mayo de 2009 - Luis de Torres

sábado, 11 de abril de 2009

L'AQUILA Y LA VIDA

L’AQUILA Y LA VIDA

El día 6 de abril de 2009 los italianos de la región de los Abruzzos recibieron en sus carnes y en sus almas la conmoción y el horrible zarpazo de un terremoto de fuerza 6,7 en la escala de Richter, y muy especialmente los habitantes de la ciudad de L’Aquila, ya que bajo sus pies estaba el epicentro, y en su vertical, y profundamente, el mundo infernal del hipocentro del seísmo, esa zona de horror donde las placas tectónicas van acumulando energía, pugnando por ser una más fuerte que la otra en su afán de avanzar, hasta que, sin posibilidad de seguir adelante, las grandes masas chocan entre sí, se fragmentan, se colapsan, o se elevan hacia la superficie, enviando en todas direcciones, como resultado del titánico y obstinado encuentro, poderosas ondas destructivas capaces de modificar la estructura subterránea y el paisaje de la superficie exterior.

La catástrofe que genera un temblor de tierra de inusitada intensidad, por mucho daño que produzca en edificios y monumentos, causa siempre mayor estrago entre la población, que, sin ser consciente de la amenaza, recibe la brutal sacudida sin haber tomado ninguna medida de protección. En cuestión de segundos se consuma la hecatombe, y entre las grietas de la tierra, los edificios destruidos, el polvo, el ruido del monstruo que se retuerce en el subsuelo y los gemidos y gritos de los heridos o sepultados, numerosos seres humanos han perdido su vida inesperadamente y su cuerpo, aún caliente y estremecido, se ha quedado roto y quieto en aquel escenario de destrucción y muerte.

Las gentes de L’Aquila, y de buena parte de su entorno, que hayan sobrevivido al bestial temblor, además de llorar por sus muertos o heridos, y por el daño que hayan sufrido en sus cuerpos o en su patrimonio, quizá hayan elevado su mirada al cielo y hayan musitado: ¿Por qué, Señor, por qué nos has mandado tanto dolor y pesadumbre? ¿Por qué, Dios Santo, nos has castigado de esta manera tan horrenda? Lo más probable es que no haya respuesta para tales preguntas. El hombre, ante desgracias tan tremendas, se siente débil, confuso, pequeño y sin futuro, no comprende lo sucedido, su mente está turbada y oscurecida, y aunque se queja a Dios, al mismo tiempo su humilde protesta también entraña una petición de ayuda a la divinidad.

Casi 300 muertos, más de 1.500 heridos, y un número enorme de edificios destruidos, es un golpe devastador. Pasarán muchos años antes de que todo se haya reconstruido, pero dudo mucho que las personas que hayan soportado pérdidas de sus seres queridos lleguen a olvidar la tragedia, por muchos años de vida que aún tengan por delante. El dolor de estos días se les quedará grabado en el corazón para siempre, y sus mentes pensarán, una y otra vez, cómo habría sido la vida si la furia del terremoto no les hubiera arrancado, a traición y sin motivo, a sus familiares, vecinos, o amigos. Quizá también piensen algunos hijos que hayan perdido a sus padres, o algunos nietos que hayan perdido a sus abuelos, que los que se han ido seguirán viviendo en ellos, como siempre ha ocurrido, que en las nuevas generaciones viven las precedentes, y que en esta cadena de la vida siempre hemos vivido en nuestros antepasados y seguiremos viviendo en nuestros descendientes.

He viajado varias veces a Italia, siento un gran afecto por este país, italianos y españoles hemos compartido buena parte de nuestra historia, y la hermosa lengua en que ahora escribo, derivada principalmente del latín que nos trajeron los romanos, es la mayor riqueza que nos llegó de Italia. Por todo ello, la tragedia de los Abruzzos me ha dolido especialmente, quiero enviar desde aquí mis sinceras condolencias a todos los italianos y espero y deseo que nunca más tengan que pasar por un trance tan doloroso y terrible.

Luis de Torres

10 de abril de 2009


domingo, 5 de abril de 2009

AQUEOS Y TROYANOS

AQUEOS Y TROYANOS

Cuando contemplo la desigualdad de pensamiento político, religioso, moral e histórico de los españoles, y observo que las encuestas y los comicios certifican ese dualismo hasta el extremo de que, aproximadamente, un cincuenta por ciento está en un bando y el otro cincuenta por ciento en el otro, y que el ascenso al poder sólo lo logra aquel colectivo que obtiene un puñado más de votos que su oponente, por casualidades de la vida, o por la veleidad de unos pocos ciudadanos, me queda el punzante dolor de corazón de comprobar que en nuestra patria seguimos teniendo lo que se ha dado en llamar las dos Españas.

Y esta reflexión sobre los españoles, esos seres que vivimos y nos movemos entre Portbou y Ayamonte y entre Finisterre y el Cabo de Gata, y que formamos la España plural e indivisible, pero que nos estamos empeñando en resquebrajarla, me ha traído a la mente la obra épica que Homero nos dejó bajo el nombre de La Ilíada, que relata el último año de la guerra de Troya, pero que no nos da a conocer su fin, ni siquiera la idea de construir un caballo de madera como estratagema para que los aqueos pudieran traspasar las puertas o la muralla de Troya, por lo que La Ilíada concluye con la muerte del príncipe troyano Héctor, hijo del rey Príamo, de Troya, a manos del héroe de los aqueos, Aquiles, hijo de Peleo, rey de los mirmidones de Tesalia.

En La Ilíada se mezclan la historia, la leyenda y los mitos religiosos y, debido a esta amalgama de hechos y situaciones, los guerreros aqueos y troyanos están sometidos a las órdenes, deseos, supersticiones, ambiciones y ansias de poder de héroes, reyes y dioses, pues también estos últimos, a pesar de su condición de inmortales, se implicaban en las luchas, desavenencias e ideas de los mortales y formaban, asimismo, dos bandos que daban protección y ayuda, según sus preferencias, a aqueos o troyanos.

Los partidos políticos en España tienen una cierta semejanza con lo que ocurría entre aqueos y troyanos, pues aunque tanto unos como otros estaban compuestos por guerreros procedentes de diversos reinos, islas, ciudades o tribus, cada aporte humano se aglutinaba en un bando de acuerdo con sus ideales, preferencias, ambiciones, o lealtad a Agamenón o a Príamo. En España nos pasa algo muy parecido, ya que los diferentes partidos, sean nacionales, nacionalistas, radicales, moderados, centristas, regionalistas o tradicionalistas, se sitúan al lado de uno de los dos grandes grupos políticos: las derechas o las izquierdas, aunque algunos utilicen el eufemismo de declararse de centro-derecha o de centro-izquierda; es decir, ni blanco ni negro, pero que no es una verdad absoluta, porque todos se alistan realmente en uno de los dos únicos bandos que existen.

Por otro lado, aunque La Ilíada es una gran obra literaria, la historia que nos cuenta está plagada de lucha, violencia, sufrimiento, dolor, sangre y muerte, y de descripciones detalladas de cómo cada guerrero, héroe o paladín quitaba la vida a uno de sus adversarios, de qué forma y por qué parte le atravesaba con el bronce de su lanza, o le cortaba el hilo de la vida con su espada, o le aplastaba el cráneo con una piedra, aunque llevara puesto el yelmo, y cómo dejaba al vencido para que la noche cayera sobre sus ojos y su alma se hundiera en el inframundo de Hades.

Bien es cierto que ni en el Congreso de los Diputados ni en el Senado nuestros representantes no llevan armadura ni portan armas, pero cada día libran su particular batalla dialéctica, en ocasiones con truenos y relámpagos, a juzgar por la fogosidad y dureza con que se atacan, y aunque a veces alguno de los contendientes sale mal parado como resultado de las andanadas que le han lanzado y no ha sabido esquivar adecuadamente, nunca llegan a ganar o a perder batallas, porque todo se queda en escaramuzas que apenas inclinan la balanza hacia un bando o hacia otro. Pasa como en La Ilíada, que después de luchar con denuedo día tras día, iba pasando el tiempo y ni los aqueos eran capaces de entrar en Troya ni los troyanos lograban empujar a los aqueos hasta el mar e incendiar su campamento y sus naves, y eso a pesar de que los dioses del Olimpo les ayudaban y les protegían, según la preferencia que tenían por uno u otro bando, rey, paladín o héroe.

Esos dioses que tanto se injerían o involucraban en las pendencias de los mortales, y que no dejaban de seguir atentamente la evolución de la guerra, eran parecidos a los medios de comunicación actuales, que toman partido por una tendencia política o por otra, se convierten en observadores minuciosos de lo que sucede, y no dejan de influir, a través de su poder de comunicación, en la vida de los españoles, para dirigir su rumbo y destino de acuerdo con sus apetencias, ideologías o intereses.

Los héroes principales que cita Homero, como Aquiles, Diomedes, Menelao, Héctor, Paris, o Eneas, por citar sólo unos pocos, son como los dirigentes de los partidos políticos, esos que ostentan la presidencia, o la secretaría, o la portavocía, que están en primera línea, que dan la cara en las batallas verbales, y que ocupan esos puestos de relevancia porque, al igual que los héroes de la guerra de Troya, tienen, supuestamente, virtudes, habilidades y valor por encima de sus compañeros de armas. Los restantes diputados y senadores forman el grueso de las fuerzas contendientes, se mueven generalmente en la retaguardia y sus hazañas son menores, oscuras e, incluso, inexistentes.

En todo este panorama de luchas cruentas, como en el caso de la guerra de Troya, o incruentas, pero igualmente aviesas, como en los enfrentamientos de diputados y senadores, siempre queda en un paisaje lejano el pueblo llano, ése que dicen que ostenta la soberanía y por el cual los luchadores salen a la palestra, pero que no es verdad, porque sea una o sea otra la facción que salga vencedora, siempre es el pueblo el que no decide, pero sí el que sufre y lamenta las mayores pérdidas. Troya finalmente fue tomada y saqueada, aunque este final no se narre en La Ilíada, y los troyanos que no combatieron, hombres y mujeres, o perdieron la vida, o la hacienda, o la libertad. Ahora,
en estos tiempos que nos ha tocado vivir, nuestros héroes políticos no han sabido ser ni buenos estrategas para dirigir con éxito la batalla económica, ni excelentes luchadores, como lo fue Aquiles, para ganarla, y como en el caso de Troya, el pueblo llano, esos hombres y mujeres que están en la retaguardia, cuyos nombres no tienen ni brillo ni popularidad, son los que en estos momentos de desánimo y crisis están perdiendo la hacienda, el pequeño negocio, el trabajo honrado, la salud, y puede que hasta la vida, porque cuando la desdicha y el dolor son demasiado grandes el corazón se cansa. Como en Troya, estamos siendo saqueados, y, como siempre, por los que tienen el poder y el dinero.

Luis de Torres

5 de abril de 2009