viernes, 5 de marzo de 2010

LIMPIA, FIJA Y DA ESPLENDOR

LIMPIA, FIJA Y DA ESPLENDOR

Cuando leo o escucho alguna frase que, según mis conocimientos y criterio, me parece que contiene algún error lingüístico, me acuerdo del lema o divisa de la Real Academia Española y pienso que todavía queda mucho por hacer en lo relativo a la limpieza del español, esa herramienta de singular belleza, sonoridad y construcción que utilizamos millones de personas para entendernos a la perfección en todos los órdenes de la vida, sean éstos comerciales, jurídicos, educativos, religiosos, festivos, amatorios, o de cualquier otra clase.

Sin embargo, la llegada de la democracia, especialmente la democracia a la española, que dista mucho de las democracias anglosajonas y de otras cercanas a nosotros, ha introducido en nuestra lengua, a través de esa fractura de la patria hispana, que conocemos ahora como las comunidades autónomas, una indeseable contaminación que resta ese esplendor que persigue la Real Academia Española. Me refiero al uso en la lengua española de topónimos que corresponden a otras lenguas, que lejos de enriquecer el idioma español lo empobrecen y menoscaban, y lo peor de todo ello es comprobar que este alejamiento del purismo lingüístico lo practican preferentemente algunos periodistas, locutores de radio, presentadores de televisión, personas que adquieren cierta fama y relieve, y determinadas empresas que desarrollan su labor en los medios de comunicación, aunque, afortunadamente, en algunos casos de las citadas profesiones y actividades se observa un cuidado exquisito en mantener la pureza de la lengua, que es de agradecer y de loar.

Ahora nos encontramos en la lengua española, y sólo citando unos cuantos casos, que Alicante es “Alacant”, las Islas Baleares son “Illes Balears”, La Coruña es “A Coruña”, El Grove es “O Grove”, San Sebastián es “Donostia”, Fuenterrabía es “Hondarribia”, Orense es “Ourense”, Lérida es “Lleida”, Tarrasa es ”Terrassa”, San Baudilio de Llobregat es “Sant Boi de Llobregat” y Villajoyosa es “La Vila Joiosa”, y otros muchos cambios que no es cuestión de mencionar aquí. Sin embargo, lo que más llama la atención es que, además de los topónimos, también se han introducido cambios en los artículos, y así nos encontramos con que el artículo determinado masculino singular “el” se ha convertido en “O”, como en “O Grove”, y el artículo determinado femenino singular “la” ha pasado a ser ”A”, como en “A Coruña”.

Yo no tengo nada que objetar si en lenguas como el vascuence, el catalán, el valenciano o el gallego se desestiman los topónimos españoles y se utilizan los correspondientes a su propia lengua, pero lo que no me parece correcto ni aceptable es que la lengua española se vea modificada y alterada con nombres que no le son propios. Si se habla o escribe en español hay que utilizar los nombres en español y la gramática y ortografía españolas, porque si seguimos por el camino que ha trazado la democracia actual, de mezcolanza de lenguas, un día nos encontraremos con que Londres es “London”, Ginebra es “Genève” o La Haya es “Den Haag”.

5 de marzo de 2010

Luis de Torres

sábado, 13 de febrero de 2010

LA LÍNEA QUEBRADA DEL SOCIALISMO

LA LÍNEA QUEBRADA DEL SOCIALISMO

Hace ya muchos años, cuando yo aún creía en la rectitud y firmeza de criterio de los políticos, tenía el convencimiento de que el socialismo había nacido con la idea profunda y noble de defender al obrero, al campesino, al proletario y a todos aquellos que no tenían más patrimonio que sus manos y su físico, y que esa idea era una línea recta, continua, inmutable e inmarcesible.

Pasaron los años y el paisaje que íbamos contemplando los españoles empezaba a tener otros colores, que no eran tan luminosos ni tan cálidos como cuando las políticas idealistas se pregonaban y pronto anidaban en el corazón de los humildes y desheredados, sino que, incomprensiblemente, tenían tintes grises, oscuros, desvaídos y borrascosos. Muchos empezamos a pensar que la geometría de izquierdas estaba cambiando, que aquella línea recta, la que nos presentaba el socialismo entre rosas rojas y puños en alto, se estaba torciendo, tomaba otros derroteros, cambiaba de rumbo, y se convertía, poco a poco, en una línea quebrada y errática, que, además de no dirigirse hacia una meta definida, se iba alejando de los postulados primitivos de ayuda y amparo para la clase trabajadora.

Me vienen a la memoria estas reflexiones porque este nuevo año estamos sufriendo los trabajadores y los jubilados y pensionistas otra oleada de dislates del partido en el gobierno, que cada vez se aleja más de su supuesta línea programática. Ahora, nos encontramos con los siguientes problemas:

-Que la subida de las pensiones, que anunciaron que era de un escuálido uno por ciento, se ha convertido por un malabarismo político-económico-financiero en una bajada real de tales pensiones, ya que la retención del IRPF se ha elevado considerablemente, y el resultado final es una minoración del importe que recibe el jubilado o pensionista, a pesar de lo cual el Sr. Ministro de Trabajo informa a los receptores de pensiones, mediante carta de enero de 2010, que “el poder adquisitivo queda plenamente garantizado y mejorado.” Me quedé perplejo. ¡Los pensionistas íbamos a cobrar menos, pero el poder adquisitivo iba a mejorar! ¿En qué Facultad de Ciencias Económicas se estudia esta singularidad?

-Que, al mismo tiempo, comenzaron a llegarnos noticias sobre la posibilidad de que la edad de jubilación se extendiera más allá de los 65 años, quizá hasta 70, o en el término medio de los 67, diciéndonos que este cambio en la edad de jubilación era necesario para que se generaran suficientes fondos en la caja de la Seguridad Social para poder pagar una pensión a los trabajadores que actualmente están en activo. Esta nueva forma de pensar del gobierno socialista ha encontrado una fuerte oposición entre trabajadores y sindicatos, y también en algunos partidos políticos, pues lo más conveniente, en vez de alargar la edad de jubilación, sería crear puestos de trabajo, para que tengamos más cotizantes y aumenten los ingresos en la Seguridad Social, y después, si alguien quiere seguir trabajando hasta los 67 años, pues que se le permita hacerlo, otorgándole algún incentivo fiscal o de otro tipo.

-Que, contrariamente a lo que se pueda pensar, la línea quebrada del socialismo en lo referente a ayuda a trabajadores y jubilados y protección de la jubilación, comenzó hace ya varios años, pues no se puede olvidar que en el año 1994, durante el mandato de Felipe González, se publicó el Real Decreto Legislativo 1/1994, de 20 de junio, por el que se aprobaba el Texto Refundido de la Ley General de la Seguridad Social, en cuya disposición transitoria tercera, en su norma 2, del apartado 1, se confirmaba la reducción de la pensión en un 8% por cada año o fracción de año que le faltara al trabajador para cumplir los sesenta y cinco años de edad, sin tener en cuenta cuántos años había cotizado. Con la citada disposición, que tenía el beneplácito del gobierno socialista y la satisfacción de las grandes empresas, se cometió un infame y perverso atropello a los trabajadores, pues se daba la paradoja, a la par que un tremendo agravio comparativo, de que una persona que hubiera cotizado 40 o más años, a la que hubieran obligado a jubilarse a los 60 años, perdía un 40% de su pensión durante el resto de su vida, mientras que otra persona que sólo hubiese cotizado 15 años, pero que se jubilara a los 65 años, recibía el 100% de la pensión que le correspondiera. Y para colmo de tanta injusticia parecía haber una connivencia entre gobierno y empresas para que éstas justificaran la extinción del contrato de trabajo como una decisión libre y voluntaria del trabajador, cuando en la inmensa mayoría de los casos la prejubilación, quizá por encima del 90%, se llevaba a cabo mediante acciones coercitivas e impositivas, tendentes a anular la libre voluntad del trabajador cuando éste prefería seguir en su puesto de trabajo.

-Que, a este respecto, hay que mencionar el documento que figura en el diario del Congreso de los Diputados, de fecha 21 de febrero de 2006, con número de expediente 162/000250, que contiene una Proposición no de ley sobre la actualización de la cuantía de las jubilaciones anticipadas al cumplir los 65 años, que fue aprobada por unanimidad, ya que se emitieron 310 votos y todos ellos fueron a favor de la citada proposición, la cual la defendieron varios parlamentarios con vigor y claridad por considerar los coeficientes reductores injustos, discriminatorios y causantes de una penalización que recaía sobre miles de trabajadores que no habían hecho nada para merecer semejante castigo y semejante quebranto. Y en la citada Proposición no de ley se puede seguir leyendo lo siguiente: Sobre esto saben mucho los prejubilados de algunas empresas, sobre todo de algunas importantes…que fueron conminados de alguna manera a prejubilarse de múltiples formas, como, por ejemplo, una degradación del puesto de trabajo u otras cosas similares.

-Que la citada Proposición no de ley ya lleva casi cuatro años en el baúl de los recuerdos, que la votaron a favor todos los representantes de los grupos políticos, incluidos los socialistas, pero que éstos, olvidándose una vez más de la protección al trabajador y siguiendo la zigzagueante línea quebrada que han adoptado, no han hecho nada todavía para resolver el problema, pensando que quizá la mejor solución esté en dejar que pase el tiempo y que Átropo, la parca, corte el hilo de la vida de las víctimas inocentes de aquel castigo que supuso la introducción de los coeficientes reductores.

Y ahora, para colmo de desdichas y de males, la equivocada gestión socialista, que no supo o no quiso poner orden en la frenética locura del crecimiento urbanístico, ni en la desmesura financiera en el mismo sector, más algunos problemas que nos llegaron del exterior, ha dado como penoso resultado la estremecedora cifra de más de cuatro millones de parados, una economía estancada y una muy lejana posibilidad de alcanzar la recuperación y la estabilidad de España.

13 de febrero de 2010

Luis de Torres

lunes, 18 de enero de 2010

POLÍTICAMENTE CORRECTO

POLÍTICAMENTE CORRECTO

Tengo la sospecha de que la persona que comenzó a utilizar estas dos palabras en el orden que están colocadas estaba intentando dar visos de verosimilitud a una patraña, falacia, mentira, falsedad o superchería, y también sospecho que esa persona era un político o un defensor de alguna idea política.

No sé por qué el adjetivo “correcto” se tuvo que adornar con el adverbio de modo “políticamente” porque si algo es correcto lo es intrínsecamente y no hay que añadir de qué modo es correcto. Si un hombre es correcto hemos de pensar que sus decisiones, acciones, pensamientos o hechos son buenos, y esto también es aplicable a las mujeres, y esa corrección en la forma no necesita de ningún aditamento adverbial. Es correcto y basta.

Por eso, me resulta desagradable leer, u oír, que algo es políticamente correcto, porque enseguida me asalta la sensación de que la persona que está utilizando esta forma de escribir o hablar carece de la suficiente seriedad como para que la exposición que está haciendo de alguna materia pueda ser creída en su totalidad, sin que quede ninguna sombra de duda.

He observado que algunas personas, generalmente periodistas o políticos, hacen referencia en ocasiones, y con cierta sorna, a la utilización por otros de las dos citadas palabras, como queriendo dar a entender que existe un trasfondo de inexactitud y engaño y que debemos ser cautos con el mensaje que se transmite con el mencionado adverbio de modo.

Esperemos que no se difunda el uso de otros adverbios de modo para catalogar la palabra correcto, pues nos podríamos encontrar con creaciones absurdas, que, por su absurdidad, serían adoptadas sin sonrojo por muchos pseudo-cultos. Se me ocurren algunas barbaridades adverbiales en relación con la palabra “correcto”, pero, como estoy en contra de ellas, las dejo caer en el olvido, no vaya a ser que alguien se apodere de alguna y la ponga en circulación, como ocurrió desgraciadamente con el conocido latiguillo de “políticamente correcto”.

Luis de Torres

18 de enero de 2010

lunes, 28 de diciembre de 2009

NAVIDAD

NAVIDAD

Al pasar la hoja del 24 al 25 de diciembre del almanaque de bloque que tengo en mi mesa de trabajo, observé que el número 25 estaba impreso en rojo, y, además, debajo del citado número se había incluido la siguiente anotación: Navidad. Fiesta en los 27 países de la Unión Europea y en Estados Unidos. Me alegré que en los dos grandes núcleos de la cultura occidental se celebrara el nacimiento o Natividad de Jesucristo, que es lo que significa Navidad, pero, al mismo tiempo, me quedé reflexionando a causa de las incongruencias de los políticos, especialmente de los europeos, que cuando estuvieron discutiendo la forma, el modo y las circunstancias que se debían observar para articular la constitución europea, una parte muy importante de los sesudos parlamentarios rechazó incluir en la futura constitución un preámbulo o introducción donde se declarara que Europa se había configurado y desarrollado, tal como es ahora, debido a sus raíces cristianas; es decir, que el Cristianismo fue la fuerza espiritual y la guía moral y rectora de los hombres que fundaron las naciones de Europa y también de aquellos hombres que emigraron y llevaron las enseñanzas cristianas al otro lado del Atlántico y a casi todo el mundo.

A muchos de los representantes europeos que les tocó redactar la constitución les faltó la objetividad necesaria para darse cuenta de que las raíces cristianas estaban compuestas de hechos históricos y sociales, que manifestarlas en el preámbulo de la constitución no significaba defender a ningún grupo religioso en particular, pues sobre el ancho territorio europeo seguían viviendo, luchando, soñando, y también sufriendo, millones de personas, cada una con su propia inclinación política que podía exponer libremente, y que muchos europeos, quizá hasta el 90 por ciento, se sentían católicos, protestantes, u ortodoxos, y que todos, asimismo, se sabían cristianos.

Ahora, sin embargo, algunos políticos temen molestar a personas de otras confesiones religiosas si se hace mención, mediante la palabra, las manifestaciones o los símbolos, de nuestras raíces cristianas, pero no tienen inconveniente en admitir que se asienten en España otras personas con otras religiones, que levanten templos y que hagan proselitismo; todo eso que a los europeos no nos permiten hacer en sus países de origen.

Afortunadamente, y aunque les pese a los políticos progresistas y a esos que buscan la destrucción del Cristianismo, la fiesta de la Navidad se sigue celebrando en 27 países de la Unión Europea y en Estados Unidos, y en muchos países más, y esta creencia, tradicional y ensalzada, seguirá adelante a través de los tiempos, mucho más allá de la vida de los políticos que ahora reniegan de sus raíces cristianas.

25 de diciembre de 2009

Luis de Torres

domingo, 29 de noviembre de 2009

MORISCOS

MORISCOS

Parece como si algunas personas no tuvieran más ocupación y deseo que remover las polvorientas y resecas hojas de la historia, ésas que apenas conocemos o recordamos y que no forman parte de nuestras preocupaciones o anhelos diarios, y lo más sorprendente es que esas personas buscadoras de capítulos gloriosos o nefastos de nuestra historia no lo hacen con el noble afán de los historiadores por conocer el pasado, investigar cómo y de qué manera se vivía en un determinado período de tiempo anterior al nuestro, cuáles eran los amores, los odios, las alegrías y los sufrimientos de nuestros antepasados y cuánto de aquel tiempo pretérito ha podido influir en nuestro desarrollo y vida actuales, sino que, por cuestiones políticas, oportunistas o convenientes a sus ideas, sacan a relucir páginas enmohecidas y casi olvidadas de nuestra historia, que ya a nadie interesan, y las insertan en el juego político actual como si fueran asuntos de trascendental importancia, que necesitan de una pronta y eficaz solución.

Me refiero a la iniciativa que ha tenido un diputado granadino del partido socialista de presentar una proposición no de ley para que a los descendientes de los moriscos que fueron expulsados de España se les desagravie y puedan reclamar los vínculos económicos, sociales y culturales que puedan tener con nuestra nación; proposición no de ley que ya ha sido aprobada con los únicos votos de los socialistas, lo cual nos viene a decir que los demás grupos políticos no parecen haber sentido ni la emoción, ni la necesidad, ni la urgencia de apoyar la brillante idea del diputado granadino.

Quiero pensar que la mencionada iniciativa surgió posiblemente cuando se publicó o se recordó que en este año 2009 se cumplía el cuarto centenario de la expulsión de los moriscos, pues fue precisamente en el año 1609 cuando Felipe III decidió la expulsión, que, según nos dicen los historiadores, no fue por cuestiones religiosas, ya que los moriscos eran moros bautizados, como consecuencia de la Pragmática de los Reyes Católicos del año 1502, sino por razones políticas, pues los moriscos suponían un peligro para España por su supuesta vinculación con los piratas berberiscos, los pueblos del norte de África, los turcos y los franceses, todos ellos enemigos de la nación española. Además, también se temía el constante crecimiento demográfico de esta minoría, superior al crecimiento de los cristianos, y su dudosa conversión al catolicismo, que era más de forma que de fondo, pues, al parecer, el pensamiento y el alma de los moriscos seguían siendo islámicos.

Esta situación ya fue considerada por Carlos I y Felipe II, pero estos dos monarcas no llegaron a dar ese paso tan duro, grave y doloroso de decretar la expulsión de todos los moriscos. Sin embargo, este asunto llegó a ser tan asfixiante hace cuatrocientos años, tanto para los gobernantes como para los ciudadanos, que el rey Felipe III decidió la expulsión de los moriscos en el año 1609, como queda dicho, y entre los años 1.609 al 1614 se ejecutó la orden real, obligando a salir de España a los moriscos de Valencia, Aragón, Cataluña y Castilla, a pesar de las revueltas, levantamientos y problemas que trajo consigo esta actuación. Sin duda, aquella expulsión tuvo que ser traumática y penosa, y yo diría que hasta terrible, por el inmenso daño que se hace a una persona cuando se la desarraiga violentamente de su tierra, de su hogar y entorno, de su pasado, de su patrimonio y de sus afectos. Quizá las costumbres, leyes, miedos, fobias, creencias, supersticiones y cultura de hace cuatrocientos años no tenían otra salida que la expulsión de los moriscos. Es difícil juzgar ahora aquella decisión de nuestros antepasados, como, asimismo, es difícil y complicado hacer un juicio ecuánime de las guerras, de los levantamientos, de las rebeliones, de las invasiones y de los enfrentamientos entre los pueblos, pues siempre existirán argumentos a favor de uno u otro bando.

Los hechos y acontecimientos de nuestros pueblos, gloriosos u horrendos, se gestan, se desarrollan y pasan, y después los historiadores los estudian, los plasman en sus libros y dejan constancia de lo sucedido, siempre bajo su particular punto de vista. Estos relatos forman la historia que no podemos cambiar, a la cual, igual que a los muertos, se la debe dejar que descanse en paz, porque si desempolvamos alguna de sus páginas se podrían reavivar pasiones, desavenencias y rencillas que ya han desaparecido o están dormidas.

Si ahora el diputado granadino del partido socialista quiere desagraviar o compensar a los descendientes de los moriscos por el supuesto daño que se causó a sus antepasados, también podría pensar en solicitar a los gobernantes del Magreb que desagravien y compensen a los descendientes de los celtíberos y visigodos que sufrieron la sangrienta invasión de las hordas musulmanas a partir del año 711, y de las sucesivas oleadas de tribus bereberes como fueron los almorávides, los almohades y los benimerines. ¿O es que todos estos invasores no hicieron ningún daño?

Y si hasta ahora me he referido a hechos del pasado, no quiero terminar este escrito sin hacer una reflexión sobre el futuro. Pienso en lo que pasaría en el año 2345; es decir, 400 años a partir del final de la segunda guerra mundial, si a un diputado socialista alemán (en el caso de que todavía existiera una forma de gobierno como en la actualidad) se le ocurriera la peregrina idea de presentar a su congreso, parlamento o Bundestag una proposición no de ley para desagraviar y compensar a los descendientes de los judíos que sufrieron persecución, saqueo, internamiento en campos de concentración, humillaciones y muerte durante el Tercer Reich. ¡Me resisto a pensar que tal proposición hubiera sido aprobada por los alemanes, aunque éstos fueran miembros del partido socialista! Sin embargo, aquí, una proposición similar, fuera de toda lógica, referida a un acontecimiento de hace 400 años, sí ha sido aprobada. ¿Por qué? Porque somos ilógicos, porque…¡Spain is different!

28 de noviembre de 2009

Luis de Torres

miércoles, 18 de noviembre de 2009

¿CON ACENTO GRÁFICO O SIN ÉL?


¿CON ACENTO GRÁFICO O SIN ÉL?

En el caso que quiero comentar se puede escribir con acento gráfico o sin él, pues ambas modalidades son admitidas por la Real Academia Española de la Lengua. Me refiero al nombre de una nación europea: Rumanía o Rumania.

Sin embargo, saco a colación este asunto porque la importante llegada de rumanos a España ha traído como consecuencia que el nombre de la nación de origen de estas personas se oiga con bastante frecuencia en las emisoras de radio y televisión, o se vea escrito en periódicos y revistas, en la versión acentuada; es decir, Rumanía, y nunca, o casi nunca, como Rumania, a pesar de que esta modalidad sin acentuar; es decir, como palabra llana sin tilde, se utilizaba generalmente hasta mediados del siglo XX. No sé la razón o el motivo que llevaron a desplazar el acento hacia la última sílaba que contiene el diptongo “ia” a romper ese diptongo y a convertir la palabra llana, con tres sílabas fonéticas, en una palabra con cuatro sílabas fonéticas. Sólo se me ocurre una salida muy simple: el idioma español es una lengua viva y, como tal, está en constante evolución, y de ahí los cambios que, a veces, nos pueden llamar la atención, o incluso molestarnos.

Pero lo más sorprendente de esta especial andadura de Rumania hasta llegar a Rumanía es que se trata de un caso único, según creo, de alteración en la pronunciación de un nombre de nación que contiene el diptongo “ia”, y digo esto porque he encontrado bastantes nombres de países que terminan con la sílaba “nia” sin que sobre la letra “i” aparezca el acento gráfico. Y aquí van los ejemplos a que me refiero: Alemania, Albania, Eslovenia, Estonia, Letonia, Lituania, Macedonia, Polonia, Ucrania, Abisinia, Armenia, Jordania, Kenia, Mauritania, Tanzania y Birmania. Todas son palabras llanas y, sinceramente, me gustaría que no evolucionaran en su pronunciación y que conservaran su actual belleza, dejando el diptongo “ia” con tilde sobre la letra “i” para otras palabras, tan hermosas o más que las anteriores, como pueden ser las siguientes: día, alegría, simpatía, gastronomía, fantasía, geografía, ortografía y María.

17 de noviembre de 2009

Luis de Torres


sábado, 14 de noviembre de 2009

LA HUERTA ZAHERIDA

LA HUERTA ZAHERIDA


Todos los días salgo a pasear para hacer un poco de ejercicio, o para desalojar glucosa de mi sangre y cerrar el paso a esa odiosa enfermedad que se llama diabetes, o para ver cómo van las obras en las calles, los trabajos de creación de carriles bici y los avances en la ampliación de la red tranviaria de Murcia. Pero hace unos días, y aprovechando que el sol otoñal tenía una luminosidad especial y la temperatura era muy agradable, decidí prescindir de mi paseo por el asfalto, entre edificios, y soportando el ruido que suele envolver a la ciudad, y dirigí mis pasos hacia la huerta, esperando encontrar un paisaje verde, atrayente, con aroma de flores, murmullo de agua, cantos de pájaros y hombres y mujeres, laboriosos y atezados, amando y trabajando la tierra de la que formaban parte.

Pronto, sin embargo, empecé a sentirme desilusionado, pues el paisaje que iba apareciendo a mi vista distaba mucho de la estampa bucólica que yo esperaba encontrar. Seguí adelante pues necesitaba respirar, sentir en el rostro, ver con mis ojos y escuchar con mis oídos, todo el ambiente de la huerta, de esa naturaleza domeñada por el hombre, que no sometida ni violentada, sino tratada con mimo, cariño, alegría y entrega hasta dar a la tierra una explosión de vida y una belleza singular y sublime.

Pero esa huerta soñada, que durante siglos existió y glorificó al valle donde se asienta y gestó y moldeó las mejores costumbres y virtudes de la murcianía, ha tenido, quizá, en la ciudad de Murcia su peor enemigo, pues aunque los murcianos de la ciudad han ensalzado las glorias, las bondades y la hermosura de la huerta, algunos de ellos no han tenido reparos en dar vida y poner en movimiento a un monstruo de hormigón, acero, ladrillo, cristal y asfalto que se ha ido alimentando de la huerta, como un depredador que no discierne qué presa tiene que cazar y ataca a la más cercana y lustrosa.

Y ahora, cuando el monstruo está cansado del esfuerzo realizado y su salud se ha quebrantado, la huerta colindante con la ciudad está agonizando, porque ha sido destrozada, maltratada, herida, cubierta de escombros e inmundicias, llena de restos de obras, de piezas metálicas inútiles y herrumbrosas, y de antiguos tramos de acequia secos y convertidos en vertederos malolientes. Y al contemplar esta desgracia ecológica, el ser humano parece sentir los lamentos y la tristeza que surgen de la tierra.

Quise continuar buscando los carriles o veredas de la huerta, con la esperanza de hallar algún lugar donde no se hubiera roto la armonía y perdurara la belleza, pero me fue imposible. Encontré algunos huertos arbolados, que, en principio, me alegraron el corazón, pero pronto me di cuenta de que también habían perdido su primigenio encanto, que ya no estaban cuidados con esmero y amor, que estaban hundidos porque la zahorra, la piedra y el asfalto habían hecho recrecer la senda o la vereda que los acariciaba, y porque la humedad no se asomaba a la tierra.

Algo que me tenía sorprendido era la ausencia de gente por donde yo pasaba, pues no todas las casas que yo veía iban a estar deshabitadas, pero cuando me adentré por un estrecho carril vi a un hombre de bastante edad, sentado en una silla rústica, a la sombra de un árbol medio seco y frente a una casa quizá centenaria, me acerqué a él y, después de darle los buenos días, me atreví a comentar: ¡Qué pena que la huerta esté desapareciendo y se pierdan tantos hermosos rincones! El hombre levantó la cabeza, me miró, y sin mostrar alegría ni pena, me dijo lacónicamente: ¡No podemos evitarlo! ¡No tenemos agua para regar! Calló y yo no insistí. A la espalda de aquel huertano hierático había una pequeña acequia que, como otras, no llevaba agua, pero en su lecho se veían basuras, cosas viejas y escombros. Dije adiós a aquel hombre, que parecía tener seca su alma, como le ocurría a su acequia, quizá de tanto sufrir por la falta de agua, y seguí mi camino. Me contagié de la callada tristeza que emanaba de aquel anciano que tenía rotos sus recuerdos y perdida su esperanza, reflexioné sobre el distinto punto de vista que teníamos los dos sobre la desaparición de gran parte de la huerta, pues él se sentía agobiado y derrotado por la falta de agua, que llevaba irremediablemente a la muerte de su tierra, y yo me quejaba del avance de la ciudad como culpable de la destrucción de la huerta, a la que veía herida, o, mejor dicho, zaherida, pues esa huerta, que parecía sentir como un ser humano, había sido, además de herida, mortificada y humillada.

Ante mi vista aparecieron los edificios de Murcia y la infraestructura viaria. Me parecieron las fauces y los tentáculos del monstruo. El resto de la huerta maltratada agonizaba en silencio. Yo, camino de mi casa, iba pensando en el Canto a Murcia, de La Parranda, y deseé que nunca dejaran de tener vigencia sus últimos versos: “Murcia, qué hermosa eres, tu huerta no tiene igual”

13 de noviembre de 2009

Luis de Torres