jueves, 22 de enero de 2009

EL RAYO QUE NO CESA

En un periódico gratuito que me entregaron el día 16 de enero de 2009, pude leer lo siguiente: El BCE (Banco Central Europeo) recorta medio punto el tipo de interés. En tres meses se ha reducido en 2,25 puntos.

La noticia, a pesar de que ya había sido anunciada como una nueva actuación del BCE, volvió a molestarme y a parecerme una injusticia, aparte de la ineficacia que pueda tener en la resolución de la crisis española. Enseguida, mi mente recordó un libro de poemas de Miguel Hernández, el malogrado poeta oriolano, titulado “El rayo que no cesa”, y, en particular, un cuarteto de su poema No.10, que dice:

Tengo estos huesos hechos a las penas
y a las cavilaciones estas sienes:
pena que vas, cavilación que vienes
como el mar de la playa a las arenas.

Y aunque Miguel Hernández se refería a las penas y cavilaciones que le causaba el incesante rayo amoroso que le atormentaba, a mí el rayo que me duele y me lastima es un rayo destructor, que nada tiene de poético sino mucho de prosaico.

En efecto, las autoridades monetarias, en busca de una solución al problema económico que estamos padeciendo, provocado por la ambición, la codicia y la ausencia de moralidad de algunos de los grandes grupos financieros, y, además, en España, para mayor desgracia nuestra, por la especulación rampante en cuestiones de suelo y construcción, que ningún gobierno quiso poner coto, toman la decisión de ayudar a buena parte de los causantes del problema y a penalizar a todas las personas que hemos actuado correctamente, que hemos tenido como norma el ahorro, aunque fuera mínimo, que es la base de una economía sólida, pues con ese ahorro, debidamente canalizado por la banca, se hacen las inversiones que generan riqueza y trabajo, o se ayuda a la nación adquiriendo la deuda pública.

Sin embargo, las autoridades monetarias no tienen en cuenta que la solución de la crisis no puede pasar por machacar a los ahorradores, despojándoles de su justa remuneración por su esfuerzo ahorrador, y perpetrando la injusticia de castigar y dañar al inocente, como camino para reparar la hecatombe que han traído a la humanidad los poderosos en el manejo del dinero, así como los grandes dirigentes políticos, estos últimos por no haber sabido, o podido, o deseado frenar a tiempo la peligrosa manipulación de la economía.

El rayo que no cesa; es decir, la insensata rebaja de los tipos de interés, puede seguir aplicando su efecto destructor, pero continuará siendo una pobre solución, quizá una mayor inflación, y finalmente una desconfianza más acentuada en los poderes públicos, porque la democracia que malvivimos está más al servicio de los partidos que al del bienestar de los ciudadanos. Menos mal que éstos, sobre todo los más humildes, entre los que nos encontramos los trabajadores, funcionarios, jubilados y pensionistas tenemos los huesos hechos a las penas y a las cavilaciones nuestras sienes, como ya escribió en su día el gran poeta Miguel Hernández.

Luis de Torres

LA IMPORTANCIA DE LA INFORMÁTICA

Hace unos días llamé por teléfono a un taller oficial de reparación de automóviles para que me dieran una cita para revisar mi vehículo y, sorprendentemente, me dijeron que no podían darme la cita solicitada, de la misma forma que en otras ocasiones, porque su sistema informático estaba estropeado. Me rogaron que llamara más tarde, a ver si el problema ya había sido solucionado, pero cuando volví a telefonear la situación no había cambiado. Finalmente, cogí mi coche y me presenté en el taller y, además de disculparse por los inconvenientes surgidos, me prometieron hacer aquel mismo día la revisión solicitada, y cumplieron su promesa. Sin embargo, la hoja de recepción, el parte de trabajo y la factura que me presentaron al final de la jornada se hicieron a mano, pues a lo largo de todo aquel día el sistema informático no funcionó. Me fui del taller con la sensación de que habíamos retrocedido a comienzos de la segunda mitad del siglo XX, cuando los ordenadores personales, los populares PCs, todavía no habían llegado a nuestras vidas. Y es que la informática ha transformado de tal manera la forma de trabajar, de ordenar las labores, de acortar los tiempos, de hacer fácil lo difícil y hasta de hacer bello lo feo y desagradable, que cuando se enfrenta una persona, acostumbrada ya a la informática, a un documento hecho a mano, con una caligrafía mediocre, con unos números casi garrapateados y con unas alineaciones torcidas, siente instintivamente una sensación de rechazo por aquel documento, en el que ve vulgaridad, desorden y atraso.

Y como consecuencia de lo relatado anteriormente, me vino a la cabeza el problema que leí hace poco en los periódicos y que también pude ver comentado en la televisión: La falta de regulación oficial de los ingenieros de informática. Indagué un poco sobre este asunto y empecé a conocer normas tan extrañas para mí como la llamada Transposición de la Directiva de Servicios, como consecuencia de la cual se creó el Grupo de Trabajo Interministerial para el estudio y aplicación de la mencionada norma, pues, según parece, se pretende hacer homogéneas en todos los países de la Unión Europea las distintas leyes y disposiciones relativas a una misma materia, servicio o actividad. Visto así, si es que mi interpretación es correcta, resulta lógico que, dentro de la gran nación europea, como llegará a ser la presente Unión Europea, las leyes sean iguales en todos los territorios. Sin ninguna duda, un cambio de tal naturaleza tendrá que ser un parto muy doloroso, pues la criatura que nazca será robusta y de gran peso.

Pero siguiendo con mi pequeña y escasa investigación, me he encontrado con algunos aspectos que son difíciles de entender, y que vienen a demostrar, una vez más, que los intereses creados, el corporativismo, las luchas políticas, el ansia de poder, la intransigencia, la insolidaridad y otros demonios que se empeñan en romper el entendimiento, la buena voluntad, la equidad, la justicia en su estado primigenio y la lógica, ponen trabas para que todos los ciudadanos sean tratados por igual, a pesar de que nuestra Constitución, en su artículo 14, diga que todos los españoles somos iguales ante la ley.

Hago esta reflexión porque me he enterado de que los ingenieros informáticos no están teniendo las mismas prerrogativas y derechos que tienen otras personas con títulos universitarios diferentes. Y cuando yo pregunto por qué ocurre esto, recibo una respuesta incongruente y sin fundamento: Porque la profesión de ingeniero informático no ha sido regulada. Quizá sea porque es una profesión muy joven, pero esto no parece una razón suficiente, porque el propio hecho de que el Estado español conceda un título de grado superior entraña la obligación de que a esta disciplina universitaria se le concedan los mismos derechos, prerrogativas y acciones que a otras profesiones de igual rango, como pueden ser las de arquitecto, ingeniero industrial, ingeniero de telecomunicaciones, químico, abogado, médico, etc., por citar algunas profesiones bien conocidas. Por tanto, si la profesión de ingeniero informático no ha sido regulada todavía, pues hágase la regulación de forma inmediata, ya que mientras no se efectúe, existirá un agravio comparativo y una injusticia latente. En profesiones reguladas no se consiente el intrusismo, y, por tanto, no se concibe que la medicina la pueda ejercer una persona que no haya estudiado nada, o solamente algunas asignaturas, o que únicamente tenga experiencia como curandero, o que alguien pretenda defender una causa ante los tribunales de justicia habiendo estudiado solamente el primer año de Derecho, por muy buenas notas que hubiera obtenido, o que un proyecto para levantar un edificio de veinte pisos lo pueda redactar y firmar una persona que sólo hubiera estudiado en el bachillerato matemáticas y geometría, pues en todos estos posibles casos, y, por supuesto, en los relativos a otras profesiones, es condición “sine qua non” que la persona tenga una titulación universitaria oficial, concedida por el Estado y firmada por las autoridades académicas en nombre del máximo mandatario de la nación. Entonces ¿por qué se consiente el intrusismo en la profesión de ingeniero informático y el propio Estado pone trabas e inconvenientes a la debida regulación oficial de esta profesión?

Por otro lado, no sabemos para qué se creó hace relativamente poco el Ministerio de Igualdad, pues hay que pensar que no solamente sería para regular la igualdad de géneros; es decir, el mismo número de personas masculinas y femeninas en cualquier profesión, actividad o empleo, pues la igualdad y la ecuanimidad debe alcanzar a todos los órdenes de la vida, para que los derechos y obligaciones sean iguales para todos, y que no se produzcan aberraciones tan disparatadas como negar la regulación a los ingenieros informáticos, que tienen titulación superior, permitir el intrusismo sin ninguna limitación y devaluar alegremente una profesión cuyo estudio es tan duro, difícil, largo y complicado, si no más, que los que se cursan para obtener otras titulaciones, que sí están debidamente reguladas. Por eso, pido a la Sra. Ministra del citado Ministerio de Igualdad que se interese ya, sin más demora, por resolver el agravio que están sufriendo los ingenieros de informática, porque es algo que atañe directamente a su Ministerio.

Después de lo expuesto anteriormente, comprendo las quejas de los ingenieros informáticos y de los estudiantes de esta disciplina universitaria, y, además, pienso en el enorme peso específico que tiene esta moderna profesión. Recuerdo mi petición de una cita en el taller automovilístico y entiendo la tremenda dependencia que tenemos actualmente de los sistemas informáticos. ¿Alguien ha pensado que la musculatura más importante de la nación se mueve con los impulsos electrónicos de la informática? ¿Qué ocurriría si todos los ingenieros informáticos que son los guardianes, cuidadores, sanadores y reparadores de la informática se declararan en huelga y no funcionaran los sistemas? Posiblemente, sería una situación más allá del caos total. Alguien del gobierno tendría que pensarlo. No es bueno que exista una espada de Damocles pendiendo sobre nuestras cabezas.

Luis de Torres

22 de enero de 2009

domingo, 4 de enero de 2009

SIEMPRE SUFREN LOS MISMOS

Cuando escuché la noticia exclamé: ¿Cómo es posible? y continué con la siguiente pregunta: ¿De dónde saca el gobierno el 2,4% de inflación en el mes de noviembre de 2008?
Me pareció increíble; es decir, no creíble, que, después de vivir durante todo el año 2008 con una inflación muy elevada, ésta hubiera caído súbitamente al 2,4%, muy cerca de lo previsto por el gobierno. Luego recordé que el tipo de inflación de noviembre sirve de referencia para la actualización de las pensiones y, naturalmente, a menor tipo mayor ahorro para las arcas del Estado. Por eso, aunque parezca que soy mal pensado, por mi mente pasaron sospechas de que este tipo de inflación de noviembre había sido convenientemente manipulado por las autoridades, a las que quizá importe muy poco los problemas, las penurias y las dificultades de muchos jubilados y pensionistas, que, al fin y al cabo, son personas a las que queda poco tiempo para quejarse y que, además, son incapaces de unirse y formar un colectivo que, con sus votos, podría quitar o poner gobiernos.

Es cierto que durante noviembre y diciembre de 2008 han bajado los precios de los carburantes, pero no es menos cierto que el precio de los alimentos básicos no se ha reducido y se mantiene al nivel que alcanzó hace algunos meses cuando sufrimos una oleada de subidas injustificadas, pero que quisieron justificarnos con la elevación del precio de los cereales, por la gran demanda que había de los mismos para la fabricación del biodiesel, y también del pan, de los piensos, de la leche y sus derivados, y prácticamente de todos los productos que componen la cesta alimentaria. Y ese incremento de precios llevó a la inflación a moverse durante los primeros meses de 2008 a niveles superiores al 4%, llegando en marzo al 4,6% y en julio al 5,3%, que fue su cota más alta, y solamente en octubre se situó en el 3,6%. Estos porcentajes nos muestran que durante doce meses, de noviembre 2007 a octubre 2008, la inflación media fue superior al 4% o quizá al 4,3% ó 4,5%. Por tanto, hay que pensar que la actualización de las pensiones no se hace para que el pensionista o jubilado no pierda poder adquisitivo, pues presentarlo así es una falacia, ya que existe una evidente pérdida de poder de compra. ¿Quién va a resarcir a los pensionistas de la elevada inflación que han tenido que soportar durante prácticamente todo un año? Otra cosa sería si el gobierno, velando por el bienestar de los ciudadanos que dependen de una pensión, y en un acto de verdadera justicia, efectuara la actualización aplicando el porcentaje que resultara de hallar la media aritmética de la inflación publicada mensualmente durante los últimos doce meses.

Si no se va a hacer así, y no se piensa ni siquiera en modificar para el próximo futuro la norma vigente, pensionistas y jubilados seguirán siendo los grandes perjudicados, como ya les ha ocurrido recientemente con la bajada de los tipos de interés, que les ha dejado sin ese modesto ingreso que, en algunos casos, les proporcionaba el pequeño ahorro que, como hormiguitas previsoras, fueron creando peseta a peseta o euro a euro. El sufrimiento, por una causa o por otra, sigue siendo el patrimonio de los mayores.

3 de enero de 2009

domingo, 14 de diciembre de 2008

DERECHOS HUMANOS

El día 10 de diciembre de 1.948 la Asamblea General de las Naciones Unidas aprobó y proclamó la Declaración Universal de los Derechos Humanos, y ahora se cumplen 60 años de la aparición en nuestras vidas de tan importante documento y, naturalmente, los medios de comunicación se han hecho eco de la efeméride y han comentado las bondades y aciertos de la declaración, su importancia para la humanidad, y también su falta de cumplimiento en algunos países o en determinados casos.

No hay duda de que la Declaración Universal de los Derechos Humanos constituyó un hito sin precedentes en la historia y civilización del género humano, pues aunque algunos grupos humanos habían elaborado leyes que mejoraban la convivencia entre los hombres, nunca se había llegado a aglutinar en una sola norma una serie de anhelos y deseos del género humano, que necesitaba desterrar muchas injusticias, atropellos y humillaciones que había estado sufriendo durante siglos bajo la tiranía y la opresión de quienes tenían el poder, la fuerza, las armas, o la riqueza, o como consecuencia de leyes que sólo se hacían para favorecer a determinados grupos. No en vano, en el Preámbulo de la Declaración se dice, entre otras cosas: “..el menosprecio de los derechos humanos ha originado actos de barbarie ultrajantes para la conciencia de la humanidad..”

Sin embargo, con la perspectiva que nos dan los 60 años de aplicación de la Declaración Universal de los Derechos Humanos, y considerando que en algunos casos sólo ha sido puesta en práctica parcialmente, o no tenida en cuenta, se observa que la citada norma, que, sin duda, se hizo con la mejor buena voluntad de los hombres que la crearon, no quedó completa para que la humanidad supiera qué podía recibir y que tenía que dar. En efecto, únicamente se habla de los derechos y libertades que se nos deben respetar, pero nada se dice de las obligaciones que todos tenemos que observar y cumplir, en justa política de reciprocidad: recibir y dar.

Si no me equivoco, en toda la citada Declaración sólo se cita la palabra “obligaciones” en el artículo 10, que dice: “..toda persona tiene derecho a ser oída públicamente y con justicia por un tribunal para la determinación de sus derechos y obligaciones..” pero de este párrafo no parece derivarse ninguna obligación real, de la misma manera que sí se declaran derechos y libertades reales los que se detallan en la mencionada norma.

Alguien podrá argumentar que las obligaciones de los ciudadanos vienen impuestas por las leyes, que deben ser cumplidas, pero de igual manera se puede argüir que también los derechos y libertades se encuentran en las leyes, y, sin embargo, se proclamó la Declaración Universal de los Derechos Humanos, que quizá, según mi forma de pensar actual, habría quedado mejor llamándose la Declaración Universal de las Obligaciones y los Derechos Humanos. Y como todavía hay seres que no respetan los Derechos Humanos, ni siquiera el más importante, como es el derecho a la vida, habría que ir pensando en incluir un nuevo artículo en el que se advirtiera que quien no hubiera respetado, de forma clara y demostrable, los derechos humanos de los demás, no podría invocar, solicitar o pedir que se respetaran sus propios derechos humanos. Es, simplemente, una cuestión de justicia recíproca.
14 de diciembre de 2008
Luis de Torres

sábado, 6 de diciembre de 2008

¿CONSTITUCIÓN O INTOLERANCIA?

En los últimos días hemos conocido dos sucesos que han levantado un gran clamor entre una buena parte de los ciudadanos españoles: La negativa de colocar una placa en algún lugar del Congreso de los Diputados en recuerdo de la monja española María Maravillas Pidal y Chico de Guzmán, que había nacido en un inmueble de Madrid cuyo sitio está ocupado ahora por las dependencias del Congreso y, por otra parte, la sentencia del Juzgado de lo Contencioso Administrativo número 2, de Valladolid, que ordenaba retirar los crucifijos de un colegio público, alegando conculcación de derechos fundamentales consagrados en los artículos 14 y 16.1 de la Constitución Española.

En ambos casos se observa la implantación de la política progresista del actual gobierno, que muchos españoles la entendemos como la política destructora de las tradiciones, costumbres, religiosidad e historia de nuestra patria. A la monja María Maravillas Pidal, con la colocación de la placa, no se la quería recordar por el simple hecho de haber nacido en un determinado sitio de Madrid, sino porque había dejado una huella en nuestra historia reciente por su buen hacer entre las gentes de su época, y este reconocimiento se quería plasmar en el sitio donde nació, como se hace en otras muchas ciudades de todo el mundo, donde se recuerda que algún ciudadano sobresaliente nació, vivió o murió en aquel lugar.

Y en cuanto a la retirada de los crucifijos, algunos políticos, y también algún juez, siguen confundiendo aconfesional con laico, pues en el artículo 16.3 de nuestra Constitución se dice: “Ninguna confesión tendrá carácter estatal”; es decir, el Estado Español será “aconfesional”, que no laico, pues si lo fuere, no se podría haber incluido en el citado artículo 16.3 lo siguiente: “Los poderes públicos tendrán en cuenta las creencias religiosas de la sociedad española y mantendrán las consiguientes relaciones de cooperación con la Iglesia Católica y las demás confesiones.” Esta obligación explícita que tiene el Estado Español anula y deja sin efecto el supuesto estado laico.

También parece que los políticos olvidan la historia, no solamente de España sino de toda Europa y de los países que recibieron la cultura, la lengua, las costumbres y la influencia de los europeos. Y esa historia europea, tal y como la conocemos ahora, aunque a algunos no les guste, se forjó con el cristianismo, sea éste ortodoxo, católico o protestante, y los europeos debemos sentirnos orgullosos de haber forjado una cultura que ha dejado una impronta imperecedera en todo el mundo; cultura que se generó con las ideas y la moral que trajo la religión cristiana, después del colapso del imperio romano. Sin embargo, el cristianismo, como doctrina superior a las que había tenido anteriormente la humanidad, no quiso destruir sino incorporar a su cultura lo bueno que habían tenido otras civilizaciones, especialmente la greco-romana, y asimiló avances tan importantes para los europeos como el latín y el griego, el derecho romano, la arquitectura, el teatro, las artes, etc., logrando un sincretismo que, con el paso de los siglos, dio forma indestructible a la Europa cristiana que ha llegado hasta nuestros días, que debemos conservar para nuestro bien y el de las generaciones futuras.

Los que quieren ir por el camino del laicismo y el relativismo, e imponer estas creencias al resto de la humanidad, sólo lograrán la desunión de los pueblos, el enfrentamiento fraternal y el malestar espiritual y material de las personas, porque las raíces cristianas están tan profundamente establecidas que será muy difícil desarraigarlas, y si el desarraigo llegara a producirse, quizá nos enfrentáramos al desastre, el desorden y el caos.

Por el camino que vamos me asusta pensar que algún iluminado, en nombre del laicismo, además de quitar los símbolos religiosos de escuelas y centros públicos, cayera en la cuenta de que también había que quitar el numeral correspondiente al año, porque la cifra tiene una derivación claramente religiosa y cristiana, puesto que no hay que olvidar que los años los contamos a partir del nacimiento de Cristo.
6 de diciembre de 2008
Luis de Torres

martes, 28 de octubre de 2008

NO ME EQUIVOQUÉ

Cuando me enteré que el día 8 de octubre de 2008 los bancos centrales europeos y americanos habían decidido bajar el interés básico un 0,50% pensé que a los pequeños ahorradores nos habían asestado una puñalada, que, sin ser mortal, era ciertamente dolorosa, porque venía a reducir aún más nuestros siempre pobres ingresos financieros, procedentes, asimismo, de nuestros siempre escasos ahorros.
Como consecuencia de esta situación, el día 19.10.08 publiqué en mi blog una entrada bajo el título de "¿Quién se acuerda de los ahorradores? y en este escrito vaticinaba que "tanto bancos como cajas de ahorro y hasta el propio Tesoro Público se apresurarían a bajar los intereses"
Y no me equivoqué, pues ayer pasé por el Banco de España y recogí la hoja del Tesoro Público donde se publican las condiciones de la subasta próxima de Letras del Tesoro y los resultados de la subasta anterior, y me quedé estupefacto. Pues, efectivamente, yo no me había equivocado al vaticinar que se produciría una rápida bajada de los intereses para los ahorradores, que yo, quizá cándidamente, evalué en un porcentaje alrededor del 0,50%, en línea con lo acordado por los bancos centrales, pero sí me equivoqué, y en gran medida, al utilizar la lógica en cuestiones financieras, pues ahora, según estamos viendo, entre crisis, falta de liquidez, refundación del capitalismo, masivas ayudas dinerarias a la banca, pánico en las bolsas de valores y otras cuestiones con las que los ciudadanos nos hemos dado de bruces, sin tener ninguna culpa, sino como víctimas de los codiciosos, la lógica de todo tipo ha desaparecido y nadie sabe si nuestro futuro marchará por una autopista, una calle peatonal o un camino vecinal.
Y toda esta reflexión la hago porque la bajada del interés de las Letras del Tesoro a 12 meses, en relación con la anterior subasta del mes de septiembre, fue del 0,975%, que es el resultado de restar al 4,298%, que fue el interés medio de septiembre, el 3,323%, que ha sido el interés medio de la subasta del 15 de octubre.
Pero mientras los ahorradores, o compradores de Letras del Tesoro, que generalmente somos personas prudentes, recibimos esta mala noticia, el Tesoro Público, que aceptó peticiones en la subasta de octubre por valor de € 4.866.780.000, se benefició de un menor gasto por intereses de € 47.451,105. ¡Y aún nos dijeron que a los ciudadanos no nos iba a costar ni un céntimo las ayudas que diera el Estado!
Y este disgusto no termina aquí, ya que, hoy mismo, se nos anuncia otra posible bajada de los tipos de interés. ¿Cuántas otras calamidades nos pueden azotar por no haber puesto coto a tiempo a eso que llaman el liberalismo económico, pero que yo llamaría la dejación de funciones de control lógico de los gobiernos?
28 de octubre de 2008

Luis de Torres

domingo, 19 de octubre de 2008

¿QUIÉN SE ACUERDA DE LOS AHORRADORES?

Estamos viviendo una época de cambio, de convulsiones financieras, de alarma, de posible transformación de los sistemas políticos, de pánico en las bolsas de valores, y, en definitiva, de CRISIS, esa palabra que tanto tiempo estuvo esquivando nuestro gobierno pero que, en definitiva, tuvo que aceptar ante el evidente colapso de buena parte de la economía.

Después empezaron a surgir las reuniones, las discusiones, las ideas, lógicas o disparatadas, los acuerdos y los pactos, para ver si se ponía remedio a tanta calamidad, y, si mal no recuerdo, la primera medida que se adoptó y se llevó a la práctica fue la bajada de los intereses, y, además, de común acuerdo entre europeos y norteamericanos, y en vez de reducir el interés en un moderado 0,25, los dirigentes de uno y otro lado del Atlántico decidieron dar un hachazo del 0,50 al tipo de interés básico que se tenía en aquel momento, e incluso se mencionó la posibilidad de seguir en el próximo futuro con más bajadas del precio del dinero.

Las grandes mentes pensantes financieras creyeron que ésta era una buena medida, pero quizá se precipitaron en sus juicios porque este recorte en el tipo de interés, que puede ser bueno indudablemente para determinados sectores, actividades o colectivos, es, al mismo tiempo, malo y perverso para otros grupos, e inadecuado económica y políticamente. En efecto, cuando la inflación desborda todas las previsiones, sigue en ascenso y no se sabe cuándo va a terminar esta tendencia, siempre habíamos sabido que una importante medida de contención era la subida de los tipos de interés. Ahora, sin embargo, cuando la inflación es uno de nuestros grandes azotes se toma la decisión equivocada. ¿O es que antes nos estaban enseñando mal las lecciones de macroeconomía?

Pero aparte de que nos hayan dado las lecciones bien o mal, hay otra circunstancia de la que ningún político habla, quizá porque esté prohibida en los altos niveles en que se mueven, o posiblemente porque no convenga airearla. Me refiero a que la bajada de intereses es lesiva para cientos de miles de pequeños ahorradores que, como laboriosas hormiguitas, van ahorrando céntimo a céntimo unos cuantos euros para tener siempre una reserva para lo que pueda pasar. Estos ahorradores se encuentran entre los trabajadores, funcionarios, pensionistas, jubilados, etc., que formamos un enorme colectivo de ciudadanos con escasos ingresos, pero que deseamos rentabilizar en lo posible nuestros pequeños ahorros, los cuales son bienvenidos por bancos y cajas, por el pasivo barato pero importante que les aportan. Pero ahora los políticos, que tanto hablan de que los ciudadanos no tendremos que pagar ni un céntimo para arreglar la crisis, con la bajada de intereses nos han convertido en los primeros en tener que aportar parte de nuestros exiguos rendimientos, pues no tenemos duda de que tanto bancos como cajas de ahorro y hasta el propio Tesoro Público se apresurarán a bajar los intereses en todos los depósitos dinerarios y productos financieros.

Y los humildes y sufridos pequeños ahorradores tendremos que seguir soportando la elevada inflación que se ha estado generando por los codiciosos de todo tipo y por la inactividad y abulia de los gobernantes, que no solamente no han sabido, no han podido, o no han querido cortar la desaforada especulación sino que, en muchos casos, se han subido al mismo carro y nos han abrumado con impuestos más allá de lo legal o razonable.
Dicen que el ahorro es una virtud, pero cuando la remuneración de este ahorro está por debajo de la inflación se convierte en una virtud agredida y maltratada y en una erosión continuada y destructora de las economías de los millones de pequeños ahorradores de los que nadie, economistas, o políticos, o financieros, parece acordarse.

19 de octubre de 2008.

Luis de Torres.